viernes, 30 de julio de 2021

Soilik Agur

Como ya he hecho alguna vez, dejo al comienzo de la entrada una canción que está sonando en mi cabeza mientras escribo estas líneas y que aconsejo escuchar mientras las lees. Y dado que esta vez es en euskera, aconsejo también leer la traducción de la letra antes de comenzar



Hace tres semanas murió una persona muy especial para mí. Esa persona me dijo que ella sólo quería vivir siendo auténticamente ella. En palabras textuales suyas (realmente no son textuales ya que no me puedo acordar literalmente de las mismas, pero en esencia eran las siguientes), cuando sea una vieja chocha y no sea yo misma, yo no quiero seguir viviendo. Yo era solo un niño, y tiempo después (mucho tiempo después) descubrí que por aquel entonces ella estaba haciéndose cargo en solitario del cuidado de una persona con Alzheimer. En concreto, de una persona que la había acompañado durante prácticamente toda su vida y con la que había formado una familia.

Estos días he estado reflexionando mucho sobre ella -quizás salga otra entrada de estas reflexiones- y sobre la legalidad de la eutanasia. Afortunadamente, o más bien desgraciadamente, ella no tenía ninguna enfermedad terminal el día que murió. Sin embargo, ella ya no era ella, la demencia es impasible y cuando hablaba con ella no podía seguir viendo a mi abuela.

Nunca en mi vida he tenido pensamientos suicidas reales, pero cuando he reflexionado acerca de cómo me gustaría morir y cómo no (como todo el mundo, creo), he llegado a la conclusión de que la mejor forma de morir es el suicidio. Y es que, ¿hay una forma de morir más digna que elegir tú mismo cuándo y cómo morirse? Me gustaría que un día llegase el momento en el que, habiendo vivido tanto y tan bien, decidiese que ya he tenido suficiente. Mi funeral sería el primero en el que el muerto te recibiese con un abrazo y te invitase a pasar a por una cerveza fría.

Espero que no se me malinterprete; esto no es una justificación del suicidio, nada más lejos de la realidad. Pero creo que nadie, literalmente nadie, elige venir a este mundo y tener vida, y por ende, creo que a nadie se le debe de negar el derecho a dejar de tenerla.


Esta entrada fue escrita el 16 de noviembre de 2020, durante la pandemia de COVID-19 que le costó la vida a mi abuela. Cuatro meses después, se aprobó en España la Ley de Eutanasia.

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