sábado, 8 de junio de 2019

El amor romántico es una mentira

"El amor romántico es una mentira". Con esta frase que no se me borra de la cabeza acabó 'Paraísos Artificiales' el Nega, de los chikos del maiz, en un concierto en Granada en 2016.

En la sociedad de hoy en día tenemos un mal endémico: el amor. A través de canciones, películas y novelas nos bombardean con historias de amor irreal, que no existe. Historias de príncipes azules y cuentos de hadas que no solo no existen, si no que son bastante nocivos. En la mayoría de canciones de amor que suenan en las radios fórmula hasta la saciedad hay algunas frases que son recursivas, y todas giran entorno a la idea de "no puedo vivir sin ti". Se puede entonar de mil maneras diferentes, pero al final la relación que describen es la misma: una relación idílica, sin ningún pormenor y que genera una dependencia emocional hacia la otra persona. ¿De verdad ese es el objetivo? ¿Que tu felicidad dependa de otra persona?

Por eso me flipan las canciones de amor, pero las canciones de amor de verdad. Y por poner tres ejemplos muy claros de a qué tipo de canciones me refiero: 'absurdas pero necesarias' de Mafalda, 'un bolero en Berlín' de Los chikos del maiz y 'contigo' de La Otra. Esta última la acabo de descubrir, y es la que ha generado que escriba esta entrada.

Y es que para mi el amor romántico, como el de las películas y las canciones, no existe. Tengo 22 años ahora mismo y es cierto que no cuento en mi bagaje con una experiencia secular, pero aun así estoy más que convencido de que no existe la persona perfecta, que no te saque de quicio ni un poquito, que nunca se porte mal contigo, que no tenga nada que te de rabia y que te apetezca estar con ella los 365 del año. Y aun existiendo, que putada sería que tu felicidad dependiese de esa persona y no de sentirte a gusto contigo mismo, con lo que eres y con lo que haces.

El amor no es nada de eso que cuentan. El amor es algo maravilloso, pero no porque crea si no porque aporta. Si tu vida es un plato de cocina, el amor es echarle especias. Y es una pena que algunos buscando alcanzar esa mentira impostada dejen pasar y no disfruten el amor verdadero, que no es perfecto ni dura para siempre, pero sí que es real. Y sobretodo, es una pena esa gente que se preocupa por las especies: especies que no llegan, especies que se han acabado, especies que siempre que las usan las echan de más y arruinan el plato, especies que por más que lo intentan nunca consiguen usar... y al final se acaban olvidando de lo más importante: cocinar bien el plato.

martes, 4 de junio de 2019

La deriva

Escribo estas líneas unas horas después de hacer mi último examen del cuatrimestre, del curso y de toda la carrera de Economía. Aun no sé que uso le daré a este blog y ni si quiera sé si habrá segunda entrada. Llevo mucho tiempo con ganas de escribir un blog. Un día me parece buena idea tener un blog para comentar música: las canciones que me gustan, lo que me hacen sentir y la interpretación que le doy. Otro día, me gustaría tener un blog donde poder ir haciendo una review de los libros que voy leyendo. También me ha rondado la cabeza hacer un blog para comentar mi pasión: el ciclismo, o para intentar explicar la Economía (esa que supuestamente llevo estudiando cuatro años) o al menos mi visión de ella a todo aquel que puso el foco de su vida en otras materias. Quizás este blog sea un remix de todos ellos.

Sin embargo, esta primera entrada no va sobre ninguno de esos temas. Va sobre mí. Y es que hasta ahora cuando surgía en mi las ganas de escribir y de expresarme, solía arrojarlas a Facebook de la manera más introspectiva que una red social permite. Y es que uno no se encuentra cómodo contando o hablando de ciertas cosas en una red social, llamadas así porque "escaparate de personas intentando vender algo que no existe" era muy largo.

Como hoy he dicho, hoy he acabado mis exámenes, así que esta noche he cambiado los apuntes por cerveza y a Amadou y Mariam y distintas bandas sonoras por Vetusta Morla. Y una canción de estos últimos me ha hecho reflexionar (para variar) y ha generado en mí que las ganas de escribir se convirtiesen en necesidad de escribir. La deriva, que así se llama la canción, me ha hecho reflexionar acerca del último año de mi vida.

Hace justo un año me encontraba en Granada estudiando también para mis exámenes pero con un estado anímico bastante diferente. No sé si aquello que sentí esas semanas era depresión o no. Tampoco me importa cual es el término clínico, pero fue una mierda pasar por ello. No estaba triste, ese no era mi problema ni mucho menos. Simplemente no encontraba motivación a la vida, no tenía un por qué por el que levantarme cada mañana.

Mi tercera temporada como sub23 me la tomé como en la que tendría que valorar si daba un paso adelante significativo o si no merecía la pena seguir intentando ser ciclista. Tras un Macario (última Copa de España) desastroso, lo tuve claro. No merecía la pena. No quería más disgustos, no quería más desilusiones. No valía para ser ciclista, especialmente mi cabeza que tenía a bien defraudarme con bastante asiduidad.  Bien. ¿Y ahora qué? Había pasado de niño directamente a ciclista, sin ninguna etapa intermedia. Había sacrificado muchas cosas por el ciclismo, pero no solo no me arrepentía si no al contrario, me encantaban. Daban sentido a mi existencia. Yo soy "Javi el ciclista", ¿ahora quién voy a ser?  ¿De verdad hay vida más allá del ciclismo? Yo sabía perfectamente que más pronto que tarde me tocaría afrontar esas preguntas, y sin embargo cuando llegaron no estaba preparado. Salí adelante lo mejor que pude, tanto en los estudios como en la bicicleta, hacia una escapatoria que yo mismo había diseñado: Erasmus en Bélgica. El mejor país para intentar ser ciclista. Y el mejor programa de movilidad para que un ciclista se adapte a la vida de una persona corriente sin mucho esfuerzo. No tendría el objetivo del ciclismo en mi vida, pero podría suplirlo con el objetivo de acabar la carrera y en un contexto nada habitual que haría que no extrañase a nada de mi anterior vida, ni si quiera la bicicleta.

Y ni en mis mejores previsiones esperaba una adaptación tan buena. Supongo que es lo bueno de dejar madurar bien ciertas decisiones. Hoy, ese otro "ancla" que iría a suplir al ciclismo, ese camino que seguir, también se acaba. La burbuja en la que he vivido estos últimos meses llamada Erasmus también se acaba. Y ahora mismo no podría estar más lejos de una situación de agobio, ni hablamos ya de depresión. Y es que antes de buscarme otro objetivo que me ancle a la vida y entrar a estudiar un máster, he decidido que necesito una pausa antes de seguir con mis estudios. Que quiero e incluso necesito una temporada en estado de stand by. Buscarme un trabajo, ganar algo de dinero y pagarme una temporada viajando con los menos lujos posibles mientras aprendo y reflexiono, entre otras cosas, sobre que hacer con mi vida.

Hoy empieza mi deriva, y a diferencia de hace un año, ésta no me agobia ni me acerca al abismo, si no que me ilusiona.

"Habrá que inventarse una guarida
No quiero timón en la deriva
Cada cual que tome sus medidas
Hay esperanza en la deriva"