Esta entrada de hoy viene motivada por lo acontecido hoy en la decimonovena etapa del Tour de Francia. A través del televisor he visto como el ciclista francés Thibaut Pinot, aquejado de una lesión que prácticamente le impedía pedalear, se descolgaba del pelotón entre lágrimas. Poco a poco le iban sobrepasando una gran cantidad de ciclistas que ya rodaban descolgados con una mezcla de sorpresa e indiferencia. Sólo sus compañeros de equipos se detenían a su altura para brindarle un poco de apoyo antes de proseguir su ruta, sabedores que no había nada que hacer por su líder. Finalmente, tras abrazarse desconsolado a su compañero William Bonnet y sin parar de llorar, decidió poner fin a su penitencia y retirarse de la carrera.
Por poner en contexto lo que ésto significa (especialmente a quien lea esto sin ser seguidor del ciclismo), Thibaut Pinot iba a tan sólo 20 segundos del ciclista que ha acabado la jornada de líder y antes de retirarse era uno de los tres máximos favoritos para ganar este Tour de Francia. Ganar el Tour de Francia es uno de los mayores hitos que se pueden conseguir en el mundo del deporte. En su caso además, al ser francés, estamos hablando que de haberlo ganado habría entrado en la historia de su país, ya que el Tour de Francia es un símbolo y orgullo nacional, y hay que remontarse hasta 1985 para encontrar al último ganador de Tour francés (Hinault). Su retirada forzosa de hoy es dura no sólo por ésto, si no por todo el tiempo que el francés llevaba preparándose para este momento. Y estoy hablando de años. Años que se esfuman generando una brutal impotencia.
Desgraciadamente, situaciones así son muy frecuentes en ciclismo. Gran cantidad de ciclistas ven truncadas sus opciones en el último momento por cosas en teoría ajenas a ellos como una caída o una lesión. Y digo en teoría, porque como muy acertadamente apuntaba hoy en Twitter @victormmartin (de paso aprovecho para decir que es uno de los tuiteros que más me gustan) no está muy claro hasta que punto estas desgracias son debidas a un factor de suerte o debidas a forzar el cuerpo más allá de tus límites.
Y aquí es a donde quería llegar, ya que para mi este último hecho es lo que hace diferente y tan duro al ciclismo. En algún otro deporte, lo máximo que te puede infligir el rival es una patada o si hablamos de deportes de contacto, un par de buenas hostias. En ciclismo el daño que te infligen los rivales es mucho más sutil y a la vez mucho más mortífero. Provocan que seas tú el que se hace el daño a sí mismo. Hacen que llegues a tu límite y una vez allí, lo saltes y sigas adelante hasta que tu límite desaparezca por el horizonte. Y pasando el límite vas cavando tu propia tumba, poco a poco de manera despiadada hasta que llega el momento en el que de una forma brutal e inhumana tu cuerpo dice basta. Ya sea en forma de lesión muscular como a nuestro desafortunado Thibaut, ya sea en forma de una enfermedad que ataca tu cuerpo indefenso como quien entra en un buffet libre, ya sea con una caída fácilmente evitable en condiciones normales (no tan fácil cuando tu cerebro tiene déficit de sangre) o ya sea simplemente porque tu cabeza ponga drásticamente fin a tanto sufrimiento y te obligue a volver dentro del límite diciéndote 'not today' como si de Arya Stark se tratase.
sábado, 27 de julio de 2019
miércoles, 24 de julio de 2019
¿Prefiero ser un indio que un importante abogado?
Voy a empezar a escribir esta entrada antes de saber el título y antes de saber incluso de qué voy a hablar. Pero tenía muchas ganas de escribir una entrada e incluso me ha sorprendido el ver al entrar que sólo he escrito dos entradas antes que ésta -la última hace un mes y medio- ya que normalmente me vienen muchas ideas muy buenas sobre las que escribir. Y ahora a la hora de la verdad, todas escondidas.
Creo que hoy voy a hablar, haciendo honor al nombre del blog, del futuro. Y además haciendo doblemente honor, aparte de al nombre del blog, al nombre del dominio, porque también hablaré de economía.
Como ya os he dicho (no tengo muy claro por qué hablo en plural si nadie leerá esto, si acaso Iris siempre y cuando le avise que hay entrada nueva) acabo de terminar la carrera de economía. También os he dicho que antes de seguir estudiando me apetece tener un año diferente, creo que es necesario. Hoy quiero hablar sobre qué pasará (o que me gustaría que pasase) al finalizar ese año.
La siguiente fase que tocará será estudiar un máster, y no por imposición si no porque realmente me encantaría. También podría entrar en los planes estudiar una carrera, si no creyese que es una pérdida de tiempo y creyese que podría aprender lo mismo en un máster. Ahora bien, estudiar un máster no se puede considerar un único camino, hay que diferenciar y aquí me gustaría hacer un inciso.
Este párrafo va a ser bastante burdo y tosco y nada académicamente correcto, pero hará las cosas más sencillas y no quiero resultar pesado. Si simplifico mucho las cosas (que de hecho es lo que hacen los economistas) hay dos tipos de economía. La economía ortodoxa, centrada en hacer modelos y cálculos y teorizar en lo ajeno alejados de la realidad. Y la economía política, que ve la economía como un todo y que no se esconde en cálculos si no que estudia la economía sin separarla de las ideologías, de la cultura... en definitiva, que enmarca la economía en un sistema.
Volviendo a los estudios del máster, el camino más sencillo y obvio, el asfaltado, la autopista de peaje, es hacer un máster en economía ortodoxa. Con buena reputación, de los que abren muchas puertas en el futuro, y de los que, para qué negarlo, se me dan bien. Por el otro lado, podría hacer un máster menos convencional, en esa economía más a la antigua usanza, o incluso un máster en filosofía o en historia. Sin duda esta última opción me emociona más, me gusta y apetece mucho más y me sentiría más realizado. De 100 veces que tuviese que elegir, en 101 eligiría la segunda opción. Y sin embargo, no lo haré.
Me explico. En primer lugar, por una cuestión de pragmatismo. Mi ideología es la que es, y más que mi ideología mi manera de ser, que es de donde emana mi ideología. La economía hoy en día es lo que es, nos guste o no. Voy a hacer un símil con la música que creo que se puede entender mejor. Hoy en día para triunfar en la música es casi imprescindible ser activo en redes sociales. Igual un grupo tiene un mensaje y unas ideas muy contrarias a usar las redes, al menos de esa manera. Sin embargo, se ve abocado a usar las redes y a largo plazo será una buena decisión ya que habrán podido difundir su mensaje. En economía las redes sociales son las matemáticas. Me parece casi una irresponsabilidad y hasta ofensivo que un economista se centre más en las matemáticas que en la filosofía (que de hecho el conocimiento en esta última rama es cero). Pero decidme que no sería hermoso elaborar un modelo económico que justifique que la socialización de los medios de producción es más "eficiente" que el sistema capitalista. Usar sus propias armas para armar a su enemigo. Entrar en su propio juego y ganarles allí.
La segunda razón es por honestidad. Y ser honesto en este blog es ser honesto conmigo mismo. Hay un debate bastante extendido y que yo he tenido repetidas veces conmigo mismo y es: ¿puede un burgués defender los intereses de la clase obrera? En mi opinión, por supuesto que sí, pero hay que acotarlo. Creo que uno tiene que ser consciente de quien es y de donde viene. La frase "prefiero ser un indio que un importante abogado" de Extremoduro es una frase que me encanta y en cierta medida intento seguir y aplicar, pero debo reconocer que por mucho que intente ser un indio, las costumbres de abogado están demasiado enraizadas en mí. No puedo pretender ser lo que no soy. Estoy seguro que podría irme con una furgoneta a vivir la vida sin pensar en el mañana, y lo disfrutaría y me acostumbraría a ello. Pero en el fondo, yo sabría que esa no es mi vida. Puedo intentar llevar una vida más austera que de hecho disfrutaría más que una vida a todo lujo, pero hay que conocer los límites. Me gusta beber buen café y buena cerveza, comprar libros, ir a conciertos, comer en restaurantes y comprar en un supermercado sin mirar el precio de las cosas. Al menos de momento. Y no es nada malo. Tengo que ser sincero y decir que, por llevarlo al extremo, prefiero ser el economista que recibió el premio nobel por explicar por qué en África mueren de hambre mientras de hecho en África siguen muriendo de hambre que el economista más filósofo y menos capitalista del mundo. Por ello tengo que decir que sí, estudiar algo más alternativo y diferente a lo que debería de estudiar seguro que me llenaría y disfrutaría haciéndolo, pero al final la satisfacción sería menor que si hago un máster reputado y desde ahí sigo siendo yo y sigo aplicando mis criterios. El ego aquí creo que, desgraciadamente, también juega su parte.
La izquierda académica es algo que detesto. Yo tengo claro que mis orígenes son obreros, yo mismo considero que soy de clase obrera y creo que tengo conciencia de clase. Sin embargo, creo que estoy condenado a unirme a esa izquierda académica. Y desde ahí intentaré sumar mi granito de arena, sin perder mi conciencia de clase. Como Sampedro. Como Garzón.
Creo que hoy voy a hablar, haciendo honor al nombre del blog, del futuro. Y además haciendo doblemente honor, aparte de al nombre del blog, al nombre del dominio, porque también hablaré de economía.
Como ya os he dicho (
La siguiente fase que tocará será estudiar un máster, y no por imposición si no porque realmente me encantaría. También podría entrar en los planes estudiar una carrera, si no creyese que es una pérdida de tiempo y creyese que podría aprender lo mismo en un máster. Ahora bien, estudiar un máster no se puede considerar un único camino, hay que diferenciar y aquí me gustaría hacer un inciso.
Este párrafo va a ser bastante burdo y tosco y nada académicamente correcto, pero hará las cosas más sencillas y no quiero resultar pesado. Si simplifico mucho las cosas (que de hecho es lo que hacen los economistas) hay dos tipos de economía. La economía ortodoxa, centrada en hacer modelos y cálculos y teorizar en lo ajeno alejados de la realidad. Y la economía política, que ve la economía como un todo y que no se esconde en cálculos si no que estudia la economía sin separarla de las ideologías, de la cultura... en definitiva, que enmarca la economía en un sistema.
Volviendo a los estudios del máster, el camino más sencillo y obvio, el asfaltado, la autopista de peaje, es hacer un máster en economía ortodoxa. Con buena reputación, de los que abren muchas puertas en el futuro, y de los que, para qué negarlo, se me dan bien. Por el otro lado, podría hacer un máster menos convencional, en esa economía más a la antigua usanza, o incluso un máster en filosofía o en historia. Sin duda esta última opción me emociona más, me gusta y apetece mucho más y me sentiría más realizado. De 100 veces que tuviese que elegir, en 101 eligiría la segunda opción. Y sin embargo, no lo haré.
Me explico. En primer lugar, por una cuestión de pragmatismo. Mi ideología es la que es, y más que mi ideología mi manera de ser, que es de donde emana mi ideología. La economía hoy en día es lo que es, nos guste o no. Voy a hacer un símil con la música que creo que se puede entender mejor. Hoy en día para triunfar en la música es casi imprescindible ser activo en redes sociales. Igual un grupo tiene un mensaje y unas ideas muy contrarias a usar las redes, al menos de esa manera. Sin embargo, se ve abocado a usar las redes y a largo plazo será una buena decisión ya que habrán podido difundir su mensaje. En economía las redes sociales son las matemáticas. Me parece casi una irresponsabilidad y hasta ofensivo que un economista se centre más en las matemáticas que en la filosofía (que de hecho el conocimiento en esta última rama es cero). Pero decidme que no sería hermoso elaborar un modelo económico que justifique que la socialización de los medios de producción es más "eficiente" que el sistema capitalista. Usar sus propias armas para armar a su enemigo. Entrar en su propio juego y ganarles allí.
La segunda razón es por honestidad. Y ser honesto en este blog es ser honesto conmigo mismo. Hay un debate bastante extendido y que yo he tenido repetidas veces conmigo mismo y es: ¿puede un burgués defender los intereses de la clase obrera? En mi opinión, por supuesto que sí, pero hay que acotarlo. Creo que uno tiene que ser consciente de quien es y de donde viene. La frase "prefiero ser un indio que un importante abogado" de Extremoduro es una frase que me encanta y en cierta medida intento seguir y aplicar, pero debo reconocer que por mucho que intente ser un indio, las costumbres de abogado están demasiado enraizadas en mí. No puedo pretender ser lo que no soy. Estoy seguro que podría irme con una furgoneta a vivir la vida sin pensar en el mañana, y lo disfrutaría y me acostumbraría a ello. Pero en el fondo, yo sabría que esa no es mi vida. Puedo intentar llevar una vida más austera que de hecho disfrutaría más que una vida a todo lujo, pero hay que conocer los límites. Me gusta beber buen café y buena cerveza, comprar libros, ir a conciertos, comer en restaurantes y comprar en un supermercado sin mirar el precio de las cosas. Al menos de momento. Y no es nada malo. Tengo que ser sincero y decir que, por llevarlo al extremo, prefiero ser el economista que recibió el premio nobel por explicar por qué en África mueren de hambre mientras de hecho en África siguen muriendo de hambre que el economista más filósofo y menos capitalista del mundo. Por ello tengo que decir que sí, estudiar algo más alternativo y diferente a lo que debería de estudiar seguro que me llenaría y disfrutaría haciéndolo, pero al final la satisfacción sería menor que si hago un máster reputado y desde ahí sigo siendo yo y sigo aplicando mis criterios. El ego aquí creo que, desgraciadamente, también juega su parte.
La izquierda académica es algo que detesto. Yo tengo claro que mis orígenes son obreros, yo mismo considero que soy de clase obrera y creo que tengo conciencia de clase. Sin embargo, creo que estoy condenado a unirme a esa izquierda académica. Y desde ahí intentaré sumar mi granito de arena, sin perder mi conciencia de clase. Como Sampedro. Como Garzón.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
