domingo, 10 de mayo de 2020

Las personas somos un mar de fueguitos

"Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende."
Eduardo Galeano


Me encantan las personas. Me parece fascinante y diría que casi mágico la facilidad con la que algunas personas pueden despertar sentimientos en ti. Como dice Eduardo Galeano en el fragmento con el que he abierto esta entrada (procedente de su libro El libro de los abrazos), creo que hay personas que tienen una vitalidad que encandila. No sabes muy bien qué es ni por qué, pero el caso es que cuando estás con ellas te invade una sensación de felicidad. A veces ni siquiera es necesario estar haciendo algo excepcional con ellas, te vale con quedarte observándolas para que una sonrisa se dibuje en tu cara y un fuego prenda en tu corazón. Cuando no estás junto a ellas, las añoras. Te vienen a la mente en los momentos más insospechados. Y en ningún momento su recuerdo va acompañado de pensamientos negativos, si no de la felicidad de los momentos compartidos y de las ganas de los momentos aún por compartir. Diría que su mera existencia te reconforta.

Estoy releyendo mis líneas y parece que hablo de enamoramiento, y no es eso. No tienes por qué sentirte atraído por estas personas, aunque reconozco que en determinadas situaciones es complicado saber diferenciarlo. Diría que tampoco es amistad. Diría más bien que es apreciar, en el sentido de percibir algo no mediante los sentidos si no mediante la mente o la inteligencia y en el sentido de estimar. Además, otra característica que comparten estas personas es que transmiten tales sentimientos desde el momento en el que entran en tu vida, antes incluso de que al mecanismo que todos llevamos adentro que se encarga de juzgar (o prejuzgar) a todo lo desconocido le de tiempo a actuar y a realizar un sesgo hacia estas personas, lo que les dota de un cariz prácticamente místico.

También me fascinan otras muchas características de las personas, como la capacidad que tienen algunas de hacerte reír ya no sin pretenderlo si no incluso sin darse cuenta, la capacidad de decirte absolutamente todo lo que les pasa por la cabeza con un simple gesto o la capacidad de parar el tiempo. Y es que hay personas cuyo camino de la vida se bifurca del tuyo pero, tiempo después, cuando se vuelven a encontrar, sientes realmente que nada ha cambiado entre vosotras.

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